Jorge Machuca, director de la unidad de negocio de motores de Cummins Hispanoamérica, señaló que el objetivo de la transición energética no debe ser únicamente electrificar, sino reducir las emisiones de CO₂ de manera rápida, eficiente y con costos sostenibles.
Durante su participación en el CIIAM 2026, Machuca comparó el momento actual con la llamada “guerra de las corrientes” de finales del siglo XIX, cuando Thomas Edison defendía la corriente directa y Nikola Tesla, respaldado por Westinghouse, impulsaba la corriente alterna.
La principal lección de aquella disputa tecnológica, explicó, es que no necesariamente existe una solución única para todas las necesidades.
“Lo más importante no era qué tecnología iba a ganar. Lo más importante era ver cuál era la solución apropiada para los diferentes problemas que se tenían”.
México enfrenta un reto energético
El ejecutivo señaló que el objetivo actual debe ser la descarbonización, no la electrificación por sí misma. Para dimensionar el desafío, tomó como referencia el Balance Nacional de Energía 2024 de la Secretaría de Energía (Sener).
De acuerdo con los datos presentados, alrededor de 45.5% del suministro total de energía de México corresponde al gas natural, mientras que cerca de 40% proviene del petróleo líquido.
El directivo indicó que, en conjunto, los combustibles fósiles mantienen una participación predominante en la matriz energética nacional.
Esta situación también debe considerarse al hablar de movilidad eléctrica, ya que, una parte importante de la electricidad utilizada en México continúa generándose mediante combustibles fósiles.
“Un vehículo eléctrico está limpio como la red que lo carga”, explicó, al señalar que la electrificación debe acompañarse de una transformación de la generación energética para lograr una reducción real de la huella de carbono.

Renovar el parque vehicular puede acelerar la reducción de emisiones
Otro punto relevante es la edad del parque de vehículos pesados. Machuca señaló que los camiones en México tienen una antigüedad promedio superior a 19 años, por lo que sustituir unidades antiguas por tecnologías actuales representa una oportunidad inmediata para reducir consumo de combustible y emisiones.
En este sentido, precisó que el diésel de nueva generación todavía puede desempeñar un papel importante, especialmente mediante el uso de combustibles alternativos como el biodiésel.
El directivo explicó que los motores de nueva generación pueden operar con biodiésel, mientras que en algunos mercados ya se utilizan mezclas con diferentes porcentajes para disminuir las emisiones asociadas al transporte.
También destacó el potencial del gas natural, biogás y biometano, particularmente a partir del aprovechamiento de residuos agrícolas, forestales, agroindustriales y pecuarios.
Infraestructura será clave
Entre las principales barreras para acelerar la transición energética, Machuca identificó la infraestructura.
Aunque los fabricantes ya cuentan con tecnologías eléctricas, sistemas de celdas de combustible e hidrógeno para motores de combustión interna, su adopción requiere desarrollar simultáneamente producción, distribución y abastecimiento energético.
El hidrógeno es un ejemplo de este desafío: además de vehículos capaces de utilizarlo, se requieren estaciones y una cadena de suministro que permita llevarlo hasta las operaciones.
Un futuro con diferentes tecnologías
Machuca señaló que el transporte contará durante los próximos años con un portafolio diverso que incluye diésel de nueva generación, biodiésel, gas natural, biogás, vehículos eléctricos, híbridos e hidrógeno, tanto en motores de combustión como mediante celdas de combustible.
La elección deberá considerar variables como inversión inicial, costo total de propiedad, mantenimiento, infraestructura, autonomía, ciclo de vida y valor de reventa.
“El futuro está aquí”, afirmó el directivo, al destacar que varias de estas soluciones ya están disponibles.
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