En 2026, la transformación digital será la principal palanca de los operadores industriales para avanzar en la transición energética, según AVEVA
La actualización de la hoja de ruta hacia el cero neto de la Agencia Internacional de la Energía revela un cambio de narrativa: ya no estamos esperando tecnologías disruptivas. El 65% de la reducción de emisiones necesarias puede lograrse con herramientas que ya existen hoy.
Joseph McMullen, Director de Transición Energética en AVEVA, señala que el actual debate gira en torno a si los operadores pueden equilibrar el trilema energético —confiabilidad, asequibilidad y sostenibilidad— con rapidez, bajo presión y utilizando los activos que ya poseen.
Las herramientas digitales —desde plataformas de datos en la nube hasta analítica impulsada por IA a lo largo de todo el ciclo de vida energético— seguirán siendo fundamentales para incorporar y acelerar la innovación, así como la optimización de los activos existentes.
Aquí se presenta un extracto de las dinámicas que colocan a la transformación digital como la principal palanca para la transición energética y la descarbonización.
Dinámicas que definirán la transición energética
1) Impulsadas por la presión de precios y políticas públicas, casi tres cuartas partes (70%) de las compañías de petróleo y gas en Estados Unidos afirman que planean reestructurar sus portafolios, optimizar costos y desinvertir en activos no estratégicos que no se alinean con retornos a corto plazo.
En ese contexto, los gemelos digitales y las plataformas de optimización en tiempo real cobran protagonismo. Al conectar sistemas fragmentados y eliminar silos organizacionales, los operadores pueden extraer eficiencias incrementales de infraestructuras envejecidas.
En 2026, los ganadores serán quienes optimicen de manera constante, en lugar de esperar nuevos ciclos de construcción.
Al mismo tiempo, los agentes de IA especializados acelerarán esta transformación. El monitoreo automatizado, el mantenimiento predictivo y los diagnósticos en tiempo real generarán ganancias de productividad, además de ampliar las capacidades humanas en entornos remotos y peligrosos.
2) La IA avanzará más rápido que los responsables de políticas públicas
Tras años de proyectos piloto cautelosos, las tecnologías de IA —modelos generativos, aprendizaje automático y analítica avanzada— finalmente están entrando en una fase de implementación empresarial. Su impacto más profundo se reflejará en la propia descarbonización.
Al permitir análisis multivariados y toma de decisiones automatizada, las herramientas de diseño generativo pueden acelerar los plazos de desarrollo, desde infraestructuras de GNL hasta instalaciones de energías renovables.
3) A medida que las herramientas digitales revelan ineficiencias en tiempo real, los consejos de administración y los inversionistas serán mucho menos tolerantes con activos de bajo rendimiento y ejecuciones lentas.
En consecuencia, el capital fluirá hacia operadores capaces de demostrar mejoras operativas medibles.
4) Ecosistemas conectados. A medida que las operaciones upstream, midstream y downstream se conectan digitalmente, la cadena de valor energética comenzará a funcionar como un ecosistema totalmente integrado, en lugar de un conjunto de silos.
Esto permitirá que operadores, proveedores y socios compartan datos en tiempo real, acelerando los avances en sostenibilidad sin comprometer los márgenes de rentabilidad.
La transición energética, concluye McMullen, se acelerará a través de la excelencia operativa y la integración.
Las empresas que conecten sus operaciones, confíen en sus datos y desplieguen inteligencia a escala estarán mejor posicionadas para resolver el trilema energético.




