El traslado de productos sensibles a la temperatura exige, no sólo equipos de transporte y nuevas tecnologías, sino modelos logísticos integrales
Alimentos frescos, farmacéuticos, biológicos, químicos especializados o insumos médicos no solo exigen rangos térmicos precisos; demandan continuidad, trazabilidad, capacidad de respuesta ante incidentes y cumplimiento normativo permanente.
Atender estas exigencias desde una gestión interna implica que las empresas deban desarrollar competencias ajenas de su core business. Como resultado, el foco se dispersa y los riesgos aumentan.
“La gestión de la cadena de frío como un activo aislado es un riesgo operativo”, advierte Carlos Humberto Infante y Loya, fundador y presidente del Consejo de Administración de Kryotec.
“Cuando no existe un diseño integral que articule tecnología, procesos y operación, la cadena de frío queda expuesta a lo imprevisible. Y en este sector, lo imprevisible siempre se paga caro”, añade.
El desafío no está únicamente en externalizar procesos, sino en lograr modelos logísticos integrales.
Asesoría experta
La participación de expertos con una visión integral de la operación se centra en comprender el flujo completo de la cadena de frío, identificar puntos de riesgo y establecer criterios homogéneos de operación y control.
Para el directivo de Kryotec, “este acompañamiento especializado es clave para asegurar tres objetivos fundamentales: eficiencia operativa, cumplimiento normativo e integridad del producto”.
Este enfoque de consultoría integral permite a las organizaciones mantener el foco en sus actividades principales, mientras la gestión térmica se conduce bajo esquemas más estructurados.
Un esquema que incorpora distintas etapas en la gestión de la cadena de frío, desde la preparación y acondicionamiento de las fuentes de frío hasta el manejo adecuado de los contenedores utilizados en el transporte y distribución de productos sensibles a la temperatura, así como el manejo eficiente de la cadena de frío con registros de control térmico digital.
Un modelo logístico integral da mayor consistencia a los procesos, permite configuraciones críticas —como perfiles térmicos, rutas logísticas, capacidad de los contenedores en cargas máximas o mínimas, requerimientos normativos—, así como protocolos operativos y capacitación del personal involucrado.
En la práctica, esto se refleja en mayor consistencia en los procesos, reducción de incidencias y un entorno de mayor certidumbre tanto para clientes como para autoridades regulatorias.




