México necesita una cadena de frío con mayor eficiencia energética

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Para productos perecederos como proteínas, frutas, verduras y lácteos, contar con infraestructura refrigerada es vital. Sin embargo, el crecimiento de la infraestructura de la cadena de frío plantea un segundo desafío: eficientar su consumo energético y con ello, disminuir costos operativos y de impacto ambiental.

Para lograrlo, la industria está incorporando sistemas de refrigeración más eficientes, mejor aislamiento, monitoreo de consumos, automatización y una mayor participación de fuentes renovables.

La eficiencia deja así de ser únicamente una variable ambiental para convertirse también en una decisión operativa y de costos.

Adrián Madero, director comercial de Emergent Cold LatAm en México, señaló: “La cadena de frío enfrenta una doble exigencia: conservar una mayor cantidad de alimentos y hacerlo utilizando de forma más eficiente energía, agua y otros recursos”.

Esta doble exigencia se enmarca en lo que se conoce como economía del frío o Cold Economy. Una cadena de frío más eficiente puede ayudar a reducir pérdidas, optimizar costos, mantener la continuidad de las cadenas productivas y proteger el valor de los recursos invertidos en producir y distribuir alimentos.

El desafío, sin embargo, no se limita a reducir el consumo de recursos. México también necesita ampliar su capacidad refrigerada para acompañar el crecimiento de las cadenas alimentarias y evitar cuellos de botella en el almacenamiento y distribución de productos perecederos.

De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), México pierde aproximadamente 20.4 millones de toneladas de alimentos cada año. Esto se traduce en un costo económico superior a los 400 mil millones de pesos.

Una transición exitosa

En su Panorama de Sostenibilidad 2025, Emergent Cold LatAm, la mayor empresa de logística de alimentos a temperatura controlada de América Latina reportó el incremento de su capacidad operativa en 52% en la región durante ese año.

Cabe destacar que ese crecimiento fue bien planificado. Incorporó diferentes fuentes renovables y optimizó el uso de recursos en sus 37 almacenes en todo México. Con ello, logró reducir 7% las emisiones indirectas asociadas al consumo de energía y un 23% sus emisiones totales de gases de efecto invernadero.

Por otra parte, varias instalaciones de la compañía en México obtuvieron certificaciones internacionales vinculadas con eficiencia energética, agua y construcción sostenible. Además, 11 almacenes recibieron la clasificación Gold de la Global Cold Chain Alliance por su desempeño energético.

El volumen de agua reutilizada en las operaciones aumentó 16 veces, reflejando la adopción de soluciones técnicas orientadas a la eficiencia. Al mismo tiempo, la aplicación de criterios de construcción sostenible contribuye a reducir el consumo en las nuevas instalaciones. Como resultado, el consumo total de agua se redujo en un 23 %.

Como parte de esta expansión, Emergent Cold inauguró en 2025 un almacén en Guadalajara con 12 mil posiciones de pallets y 81 mil m³ de capacidad, además de su primera instalación construida desde cero en México, ubicada en Ciénega de Flores, Monterrey, con capacidad para 23 mil pallets y 150 mil m³.

El camino por seguir

El reto hacia adelante —para la empresa y para la industria— será que esta evolución deje de concentrarse en proyectos individuales y se extienda a una mayor parte de la infraestructura refrigerada.

En un sector que necesita crecer para acompañar la producción y distribución de alimentos, eficiencia energética, automatización y generación renovable serán factores cada vez más determinantes para la competitividad.

“La discusión ya no debe ser únicamente cuánto más podemos almacenar, sino cómo construir esa capacidad de forma más eficiente. México necesitará ambas cosas: mayor infraestructura y mejores estándares de operación”, concluyó Madero.

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